Colesterol ‘bueno’ y colesterol ‘malo’
Con esta sencilla dicotomía, muchos médicos del Primer Mundo, donde las enfermedades cardiovasculares son una de las causas principales de mortalidad entre la población adulta, intentan concienciar a sus pacientes de los riesgos que para la salud comporta una alimentación poco equilibrada y rica en grasas.
Para que el colesterol llegue hasta las células, antes requiere un transporte a través del riego sanguíneo. Para ello, existen dos lipoproteínas, la LDL, de baja densidad, asociada al ‘colesterol malo‘, y la HDL, o de alta densidad, que se identifica con el ‘colesterol bueno‘.
El problema del colesterol ‘malo’ o LDL es que, en exceso, se acumula en las arterias y dificulta el tránsito de oxígeno a través de la sangre. Y sin oxígeno, el corazón y el cerebro no pueden funcionan correctamente. De ahí que la mayoría de ataques al corazón e infartos cerebrales estén ligados a este tipo de circunstancias.
La acumulación de estas grasas en los vasos sanguíneos se denomina arteriosclerosis. Aparte de los riesgos de infarto, existen otras patologías cardiovasculares graves ligadas al exceso de colesterol ‘malo’ como son las trombosis, la angina de pecho o la arteriopatía periférica. Los desarreglos de tiroides pueden también producir problemas de colesterol que no derivan directamente de una mala alimentación.
Por su parte, el colesterol ‘bueno’, o HDL, no sólo es necesario para el organismo, sino que es recomendable aumentar sus cantidades en sangre cuando existe riesgo de arteriosclerosis, porque ayuda a sintetizar el colesterol ‘malo’ que se acumula las paredes de las arterias.
