SOBREENTRENAMIENTO
El sobreentrenamiento es, sin duda, el error más común. Si, para completar una rutina, precisáis más de 45 minutos o una hora, estáis perdiendo el tiempo y ocupando el gimnasio innecesariamente. Hay una manera muy sencilla de determinar si éste es uno de vuestros problemas. Al finalizar una sesión, ¿notáis un ligero temblor en los dedos? Si la respuesta es afirmativa, no estáis trabajando los músculos, sino los nervios, lo que afectará a vuestra capacidad digestiva. ¿Cómo? ¿Os habéis golpeado un dedo con un martillo alguna vez? ¿Recordáis la sensación de angustia en el estómago? Los nervios están conectados. El sobreentrenamiento suele ser el resultado de un peso excesivo (es un ejercicio, no una competición) o de un peso demasiado ligero que se mueve en demasiadas ocasiones. La idea es trabajar y estimular los músculos, no destruirlos o irritarlos.
Pesos ligeros y ejercicios frivolos. Como habréis observado, la ancestral y puritana ética del trabajo ha desaparecido de la faz de la Tierra. ¿Qué ha sido del Eclesiastés 9, 10: “Todo cuanto pudieres hacer, hazlo sin perder tiempo”. La palabra trabajo se ha convertido en una obscenidad. Hay hombres que van al gimnasio pensando que pueden desarrollar unos músculos enormes con poco peso. Los veo todo el tiempo: intentan crecer haciendo curls de concentración y elevaciones laterales con mancuernas ligeras.
Son necesarias cargas elevadas y sesiones de un máximo de una hora para estimular los grupos musculares de mayores dimensiones y ganar tejido limpio. Arthur Jones intentó difundirlo hace una generación, pero pocos le escucharon. Algunos de los libros en los que expresó su punto de vista son ahora piezas de coleccionista. Siempre que oigo decir a alguien en el gimnasio “necesito media hora más para los tríceps” debo hacer un esfuerzo colosal por reprimirme. Tengo que morderme la lengua.
Secuencias inadecuadas. La mayoría de los hombres empiezan con los ejercicios más pesados, como el press de banca, y luego pasan a los más ligeros. De vez en cuando, acaban con un par de movimientos para los abdominales. Esta estrategia es, como mínimo, semicorrecta. Comenzad siempre con un ejercicio para la sección media. ¿Por qué? Mits Kawashima me enseñó este principio en 1966. Abandoné el Ejército en 1964 y pesaba 72 kilos cuando empecé a entrenarme. Un año y medio después había ganado 12 kilos. Mi peso corporal oscilaba entre los 83 y los 85 kilos. La vida era bastante frustrante porque, antes de que Mits se convirtiera en mi guía, era incapaz de superar los 85 kilos.
Mits me hacía empezar con cuatro series de 25 repeticiones de elevaciones de torso, tras las cuales procedía a trabajar con los hierros. Al cabo de cinco meses, mi peso corporal pasó de los 85 a los 105 kilos y mi press de banca, de los 100 a los 155. Mits me enseñó numerosos aspectos del entrenamiento, al igual que otras personas, y ahora yo os transmitiré esos conocimientos. Tal vez no os suene el nombre de Mits Kawashima; fuera de Honolulú (Hawai), donde reside y regenta un establecimiento de productos dietéticos, no es muy conocido. Pero probablemente habréis oído hablar de su socio: Arnold Schwarzenegger.

